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El Sol Espiritual

El Sol espiritual, una chispa de la Gracia del Señor

[1.1.1] El Señor: «Antes de dirigirnos al propio Sol espiritual, tenemos que saber dónde se encuentra, qué relación tiene con el Sol natural y de qué está compuesto.

[1.1.2] Para que podáis haceros una idea lo más acertada posible de todo ello, hay que poner de relieve, ante todo, que lo espiritual es todo aquello que está en lo más interior e intrínseco, y lo que a la vez penetra al máximo en todo.

[1.1.3] Fijaos en cualquier fruto. ¿Qué es lo más interior? La fuerza espiritual del germen. ¿Y qué es el propio fruto que, con todos sus componentes, existe para proteger y conservar interiormente al germen? En el fondo no es otra cosa sino un órgano exterior impregnado por todas partes de la fuerza del germen.

[1.1.4] Que el fruto exterior -es decir, todo el fruto natural- sea un órgano condicionado por la fuerza espiritual del germen, resulta evidente por el hecho de que todo el árbol, o toda la planta, surgen del germen espiritual.

[1.1.5] ¿qué puede ser entonces lo espiritual? Ante todo es la fuerza interior del germen; la que condiciona todo el árbol, incluidas raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos; la fuerza que penetra todo el árbol para el propio bien del conjunto.

[1.1.6] De modo que lo espiritual es lo más interior, lo que penetra en todo al máximo y, a la vez, lo que todo lo abarca.

[1.1.7] Podéis comprobar la verdad de todo ello observando los más diversos fenómenos de la naturaleza. Mirad, por ejemplo, una campana. ¿Dónde estará la sede del sonido? Diréis que en su abertura, tal vez en el centro del metal o, quizás, en la parte interior. Pues no, ¡os habéis equivocado! Porque el sonido procede de su esencia espiritual más interior, encerrada en cápsulas materiales.

[1.1.8] Por ser espiritual, esta esencia más interior es sumamente elástica. Al darle un golpe a la campana, se le causa un disturbio a la calma de la esencia interior y, debido a su gran elasticidad, empieza a vibrar continuamente. Si se cubre la materia exterior de la campana con otra, con una materia plena de potencias espirituales no tan fácilmente excitables, entonces las vibraciones se atenuarán rápidamente, de modo que la tal campana dejará de sonar en seguida. Pero si se trata de una campana sin más, sobre todo si se está al aire libre con el que fácilmente resuena, las vibraciones se intensificarán y se propagarán hasta muy lejos.

[1.1.9] Si meditáis un poco sobre este modelo, os quedará claro que también en este caso lo más interior no puede ser otra cosa sino lo espiritual que penetra todo al máximo y que, a la vez, lo abarca todo. Pero veamos otro ejemplo.

[1.1.10] Imaginad una pieza de acero magnetizado. ¿Dónde están las fuerzas de atracción y repulsión? Se encuentran en lo más interior, es decir, dentro de las moléculas que, en su conjunto, forman la materia del acero tal como se presenta a nuestra vista. Esta fuerza interior penetra toda la materia, que no le ofrece la menor resistencia, y la abarca integralmente. El hecho de que el efluvio de esta esencia también llega al exterior de la materia que habita, se confirma cuando observamos cómo el acero magnético atrae un trozo de hierro que se encuentre cercano.

[1.1.11] Pero continuemos con algunos ejemplos más, Servíos, por ejemplo, de un condensador en un vaso de cristal. Si frotáis una pieza de ámbar debidamente conectada al condensador, este se carga con electricidad. Esta electricidad penetra en toda la materia y, a la vez, forma su más profundo interior. Si os acercáis un poco al vaso, notaréis que el vello se pone de punta, con lo que se comprueba que el efluvio abarca todo el conjunto y más.

[1.1.12] Otro ejemplo -aunque sea por lo general de ámbito reducido- se manifiesta en todos los hombres y otros seres aunque, más evidentemente, en los hipnotizados. Muchos de vosotros ya habréis visto hasta qué punto un hipnotizador puede influir en el paciente que controla. Si la esencia del espíritu sólo fuera algo muy interior que no penetra nada, ¿acaso sería posible el propio proceso de hipnotización? Y si el espíritu, no fuera simultáneamente algo que todo lo abarca y lo alcanza, decidme, ¿podría el hipnotizador ejercer influencia alguna en el hipnotizado? Me parece que ya hemos citado suficientes ejemplos para poder concluir que lo espiritual se manifiesta por todas partes. Esto se aplica también al Sol.

[1.1.13] De modo que el Sol espiritual es lo más interior del Sol natural, es una Chispa de Gracia surgida de Mí que penetra toda la materia del Sol, surtiendo un gran efecto. Y, por supuesto, lo espiritual también abarca todo lo que forma del Sol. Bien considerado, el Sol espiritual es el auténtico Sol, porque el Sol material perceptible a vuestros sentidos no es sino un órgano dependiente de él, un órgano beneficioso para el mismo Sol espiritual. El Sol natural está concebido de tal manera que lo espiritual puede manifestarse en todas y por todas partes. Y, precisamente por eso, como siempre, el Sol espiritual puede alcanzar y abarcar todas y cada una de las fibras del conjunto.

[1.1.14] De modo que el que quiera hacerse una idea sobre el Sol espiritual, que se fije en la apariencia del Sol natural. Pero que tenga presente que lo que ve, tanto en el conjunto como en las partes, está penetrado y abarcado por el Sol espiritual; así llegará a tener una cierta noción de lo que es el Sol espiritual.

[1.1.15] Y hay que dar por sobreentendido que todo lo espiritual es algo completamente concreto y abarcable, mientras que lo natural es algo incoherente que no se abarca en absoluto. Si en apariencia lo natural parece ser consistente, se debe a lo espiritual que mora en él.

[1.1.16] Otro ejemplo. Fijaos en una pequeña barra de un metal noble. Si la observáis en su estado bruto, os parecerá oscura y basta. Pero si la alisáis y luego la pulís, tendrá un aspecto totalmente distinto, a pesar de que se trata de la misma barra. ¿Cuál puede ser la causa de su embellecimiento? No hay nada más simple. Al pulir la barra, las partículas que se encontraban en su superficie han quedado más juntas y unidas, todas con la misma orientación. Su aspecto se ha vuelto más definido y concreto, mientras que en su estado bruto anterior, estaban todavía desunidas, como si hubiera oposición entre ellas debido a que cada partícula hubiera crecido individualmente con los rayos alimenticios del Sol, consumidos según su avidez y sin dejar nada a su vecina. En estado pulido, un estado que se puede llamar purificado, estas partículas se unen entre sí. Mediante esta unión, los rayos de luz que les llegan se vuelven un bien común para ellas pues ninguna de las partículas individuales quiere ya quedarse con los rayos para sí misma, sino que concede a sus más próximas hasta la mínima parte de ellos. ¿Cuál puede ser el resultado? Todas las partículas tienen luz en superabundancia, mucha más de la que son capaces de consumir, con el resultado de que toda la superficie del oro pulido refleja el gran caudal de los rayos solares con un brillo magnífico y armónico.

[1.1.17] ¿Tenéis ya idea de dónde procede semejante magnificencia y armonía? Pues, procede de la unión, o más bien de la unificación. Por consiguiente, admitiendo que lo espiritual es algo perfecto, algo que se ha unificado, ¡cuánto mayor tiene que ser la grandeza de lo espiritual respecto a su órgano, que no es sino algo incoherente, algo egoísta, egocéntrico, y por lo tanto muerto!

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