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El Gran Evangelio de Juan

[1.1.24] Pero Yo, Origen primario de todo Ser, por mi eterna Luz tenía que ver que el sentimiento de sublimidad en el hombre —su Luz primaria— iba agotándose cada vez más por la lucha continua, y con él la luz de la vida en los hombres. Si Yo me hubiese acercado a los hombres con la misma Perfección divina, en la cual ellos tenían su origen, no me habrían reconocido. Y si hubiese surgido de improviso, con un cuerpo humano limitado, la culpa habría sido mía si no me hubiesen reconocido.

[1.1.25] Esto Yo lo sabía y por eso, desde que les di su primera existencia fuera de Mí hasta la hora de mi venida a la Tierra, hice que miles de profetas —hombres que en esa lucha no habían perdido la Luz—, la anunciaran, indicándoles las circunstancias, el lugar y la época. Y cuando llegué di grandes señales. Desperté a un hombre, en quien se encarnó un alto espíritu para que anunciara mi venida a los ciegos y mi entera presencia en esta Tierra.

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