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El Gran Evangelio de Juan

[1.1.19] El sentimiento de sublimidad lucha fuertemente contra tal humillación y la quiere eliminar.

[1.1.20] De esta lucha surgen el rencor y el odio contra el Origen primario de todo Ser e inevitablemente también contra el sentimiento de humildad o dependencia. Por consiguiente, el sentimiento de sublimidad se cansa y oscurece en los seres creados y, en vez de la Luz primaria, quedan la noche y la oscuridad. En su oscuridad, esta noche no llega a reconocer la Luz primaria dentro de sí y, ciega pero independiente y libre, se aleja del Origen primario de su propio ser.

[1.1.21] Por más que resplandezca la Luz primaria en la noche, esta, aunque haya surgido de la Luz, ya no tiene visión eficaz para reconocerla, a pesar de que la Luz viene precisamente para volver a transformar la noche en su Luz original.

[1.1.22] Así, pues, vine Yo al mundo de la oscuridad, como el eterno Ser primario de todo Ser y como la Luz primaria de toda Luz y Vida, pero aquellos que surgieron de Mí no me reconocieron en la noche de su sentimiento de sublimidad agotado.

[1.1.23] Este quinto versículo quiere indicar cómo Yo —siendo absolutamente el mismo que era desde toda la eternidad— vine a este mundo creado por Mí y de Mí mismo. Pero el mundo no me reconoció como a su Ser primario.

[1.1.24] Pero Yo, Origen primario de todo Ser, por mi eterna Luz tenía que ver que el sentimiento de sublimidad en el hombre —su Luz primaria— iba agotándose cada vez más por la lucha continua, y con él la luz de la vida en los hombres. Si Yo me hubiese acercado a los hombres con la misma Perfección divina, en la cual ellos tenían su origen, no me habrían reconocido. Y si hubiese surgido de improviso, con un cuerpo humano limitado, la culpa habría sido mía si no me hubiesen reconocido.

[1.1.25] Esto Yo lo sabía y por eso, desde que les di su primera existencia fuera de Mí hasta la hora de mi venida a la Tierra, hice que miles de profetas —hombres que en esa lucha no habían perdido la Luz—, la anunciaran, indicándoles las circunstancias, el lugar y la época. Y cuando llegué di grandes señales. Desperté a un hombre, en quien se encarnó un alto espíritu para que anunciara mi venida a los ciegos y mi entera presencia en esta Tierra.

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