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El Gran Evangelio de Juan

Explicación del Evangelio bíblico. Pequeña introducción para la comprensión del Evangelio de Juan, el apóstol favorito de Jesús, nuestro Señor y Salvador (Juan 1:1—5).

(Juan 1:1) Al principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y Dios era el Verbo.

[1.1.1] Este versículo ha sido objeto ya de innumerables explicaciones e interpretaciones erróneas, hasta tal punto que inveterados ateos se han servido justamente de él para combatir mi Divinidad. No repetiremos tales absurdos que sólo aumentarían la confusión en vez de disminuirla; pero sí expondremos una explicación concisa. Siendo la Luz en la Luz de la Luz, combatirá y vencerá los errores por sí misma.

[1.1.2] La causa principal de la incomprensión de tales textos es la traducción deficiente y falsa de la Escritura de la lengua original a las lenguas de la época actual. Pero esto debe ser así... Porque si el espíritu de tales textos no estuviese tan oculto como está, hace tiempo que el sentido tan sagrado que contienen habría quedado profundamente profanado, lo que sería un gran daño para la humanidad. Así sólo se llegó a roer la envoltura sin alcanzar la sagrada esencia vivificadora.

[1.1.3] Sin embargo ahora ha llegado el momento de revelar el verdadero sentido interno de estos versículos, que es sumamente sagrado, a todos aquellos que merezcan esta Gracia; pero ¡ay del profanador!, porque sufrirá las consecuencias de cualquier interpretación malintencionada.

[1.1.4] Después de esta advertencia necesaria, ahora os explico: Ante todo quiero señalar que aquí sólo será dilucidado el sentido psicoespiritual y no el más interno, puramente celestial. Éste es sumamente santo y sólo puede ser transmitido sin perjuicio a aquellos que lo buscan por medio de una conducta acorde con las palabras del Evangelio. El sentido puramente psicoespiritual es fácil de encontrar. A veces bastará con una traducción que tenga en cuenta ciertas costumbres a la hora de documentar las cosas de aquella época, como se verá en las explicaciones del primer versículo.

[1.1.5] La expresión “al principio” es muy incorrecta y encubre el verdadero sentido, porque con ella se puede poner en duda la existencia eterna de Dios, lo que ya hicieron algunos sabios, de cuyas escuelas salieron los ateos de esta época.

[1.1.6] La verdadera traducción es: En el Origen primario, en la Causa primaria de todo Ser ya estaba la Luz... El grandioso y sagrado Pensamiento de la Creación... La Idea substancial... Esta Luz no estaba solamente en Dios, sino también con Él, es decir, se proyectaba afuera de Él como sustancia perceptible, envolviendo al Ser divino primario. Ahí se manifiesta ya el primer vestigio de la encarnación venidera de Dios.

[1.1.7] Entonces, ¿qué era esa Luz, ese Pensamiento grandioso, esa Idea santa y básica de toda existencia substancial futura, totalmente autónoma? Sólo podía ser Dios mismo, porque en Dios, por medio de Dios y surgiendo de Dios sólo podía ser Él mismo en su Ente eternamente perfecto. Por tanto, se puede formular el texto así:

[1.1.8] En Dios estaba la Luz y la Luz penetraba y envolvía a Dios, y Dios mismo era la Luz.

(Juan 1:2) El Verbo estaba al principio con Dios.

[1.1.9] Después de haber aclarado suficientemente el primer versículo de modo que cada uno con algo de luz propia lo pueda entender, el segundo versículo se expresa por sí mismo, confirmado, que la Luz o el Verbo arriba explicado, o sea, el inmenso Pensamiento creador, era eterno como Dios mismo, sin implicar ningún proceso de origen en sí. De modo que la explicación es ésta: Ya en el Origen primario de todo Ser y de toda posterior Creación, el Verbo estaba con Dios, en Dios y venía de Dios, por tanto, era Dios mismo.

(Juan 1:3) Todas las cosas fueron hechas por Él y sin Él nada se hizo de cuanto fue hecho.

[1.1.10] En este versículo se confirma evidentemente lo que en el primero ya se había presentado como Verbo y Luz, enteramente presentes en el Origen de todo Ser y de toda Creación, la cual, sin embargo, aún no estaba realizada como tal.

[1.1.11] Por eso, el tercer versículo retocado es así: Todo Ser provino de este Ente primario, que en sí mismo era y es su absoluto Origen eterno. La Luz, el Verbo y la Voluntad de este Ente proyectaron su Luz propia —su Idea eterna de la Creación— fuera de sí mismo hacia la existencia perceptible y sólida... Y en la entera infinitud eterna no existe nada que haya llegado a su existencia perceptible si no fuera por el mismo Origen primario y el mismo proceso.

[1.1.12] Quien ha comprendido enteramente estos tres versículos, fácilmente asimilará el cuarto.

(Juan 1:4) En Él estaba la Vida y la Vida era la Luz de los hombres.

[1.1.13] Queda entendido que el Ser primario de todo lo que existe, la Idea primaria de todas las ideas, la Forma primaria de todas formas, por un lado no podía estar sin forma y por otro no podía implicar la muerte, porque esta constituye el polo absolutamente opuesto de todo lo que tiene existencia. Por lo tanto, en este Verbo, esta Luz o este Pensamiento divino estaba la Vida perfecta. Por consiguiente, Dios era la Vida básica eterna en sí y por sí mismo. Esta Luz o Vida hizo que salieran de sí misma todos los seres y los hombres, con luz y vida en ellos. Por tanto, estos seres y hombres eran la imagen perfecta de la Luz primaria que estaba dentro de ellos, de la Luz primaria que constituía su existencia, su luz y su vida totalmente parecida a la del Ser primario eterno.

[1.1.14] Como la Vida primaria de Dios tiene que ser enteramente independiente y libre —de no ser así no sería Vida—, y como en los seres creados la vida tiene que ser absolutamente la misma, se podrá fácilmente comprender que a los hombres sólo les podía ser dada una vida absolutamente independiente y consciente de sí misma. Pero precisamente por esta consciencia, la vida tuvo que reconocer que no era de origen propio sino que procedía de Dios, a semejanza de la Vida de Él.

[1.1.15] Esta noción tenía que existir en todos los seres creados, al igual que su vida y existencia tenía que estar enteramente en concordancia con la de Dios, de lo contrario no tendrían ni vida ni existencia.

(Juan 1:5) Y la Luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron.

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