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El Gran Evangelio de Juan

En Sicar. Enseñanza sobre la vida y la conducta. Más vale dar que recibir. Las obras del amor valen eternamente. Miseria de los amigos del mundo en el Más Allá. Consejo del Señor sobre la buena administración de los bienes. Cómo se consiguen las Bendiciones divinas

[1.58.1] «Los conozco», dijo el comerciante. «Son sicarenses de corazón duro que por su fe y forma de pensar más parecen paganos que hijos de Israel. Pero los más detestables entre ellos son los que vienen de la región del Lago de Genesaret: son materialistas inveterados y no tienen ni nociones de algo más elevado y divino. Son puros alborotadores. Prefieren mil veces más a un mago de Persia y una prostituta asiática voluptuosa que a Moisés y todos los profetas. Los conozco demasiado bien. Pero para hacerles callar llenemos sus bocas con algo de comer. Les serviremos algo en mi gran pabellón, porque si se quedaran sin nada, ¡qué escándalo organizarían!».

[1.58.2] «Haz lo que te parezca bien y lo que puedas, porque ¡dar vale más que recibir! Pero en adelante no des sino a los pobres y a los necesitados. Y si alguien viene a pedirte dinero prestado y tú ves que es rico y que podría devolvértelo con mucho interés, ¡no le prestes nada! Pues se volverá enemigo tuyo en secreto y tendrás problemas para que te devuelva tu dinero.

[1.58.3] Pero si viene a pedírtelo un pobre, aunque sea evidente que no te lo podrá devolver, a él préstaselo. El Padre del Cielo te lo compensará de otra manera mil veces más aún en la Tierra, y en el Cielo tu dinero “prestado” se volverá un gran tesoro que te esperará lejos de tu tumba, en el Más Allá, después de tu vida en la Tierra.

[1.58.4] Lo que el amor realiza en la Tierra, también sirve en el Cielo donde dura eternamente. Sin embargo, los resultados de la inteligencia mundana se las traga la misma tierra sin dejar nada para el Cielo eterno. ¿Qué provecho puede el hombre sacar de todos los tesoros mundanos si su alma sufre daño por ellos?

[1.58.5] Desgraciado es quien trabaja para la Tierra y para la carne, porque de la misma manera que la carne del hombre tendrá su fin, también lo tendrá la Tierra. Y cuando el fin cierto de la Tierra llegue a su tiempo, ¿dónde morará la pobre alma?

[1.58.6] Te digo que todo hombre también perderá la Tierra eternamente en el mismo momento en que deje el cuerpo atrás. Y si no ha preparado una nueva tierra en su corazón por el amor, entonces su alma tendrá que entregarse a los vientos, nubes y nieblas, y andará errando sin rumbo ni descanso por el eterno infinito, en las creaciones vagas y erróneas de su propia fantasía, que, cuanto más duren, tanto más débiles se volverán, hasta que se encuentre en absolutas tinieblas, de las que el alma difícilmente podrá ya salir por propia iniciativa para salvarse. Así que en el futuro haz lo que Yo te enseñe, aunque ahora mismo puedas hacer lo que te parezca bien».

[1.58.7] «Eres sumamente sabio y tendrás razón en todas las cosas, pero en cuanto al dinero prestado no estoy de acuerdo contigo. Pues si alguien ha reunido mucho dinero vale más prestarlo a intereses modestos que tenerlo parado o enterrarlo por miedo a ladrones que pudieran venir de noche. Además, con el interés cobrado se puede también ayudar a los pobres. Pues si no administrara bien mi fortuna, pronto no tendría nada, y tampoco podría dar nada a los pobres».

[1.58.8] «Deja tú al Señor resolver estos problemas económicos y ayuda a aquellos que Dios te envíe, y tu fortuna no sufrirá», le aconsejé. «¿Acaso no tienes muchos campos y muchas grandes huertas con frutos en abundancia, y tus corrales y establos no están llenos de bueyes y vacas, terneras y corderos? Con la bendición de Dios tus negocios de ganado siempre te compensarán lo que gastaste con los pobres. Pero lo que entregas a las cajas de los ricos para que ellos te lo administren, esto nunca te traerá bendiciones de lo alto. Por el contrario, siempre estarás preocupado por si tu dinero está bien administrado o no. Así que haz lo que te digo y tendrás una vida agradable y sin preocupaciones. Todos los pobres te querrán y, cuando les sea posible, estarán a tu disposición. Y el Padre en el Cielo siempre bendecirá tus acciones. Esto te irá mejor que las preocupaciones continuas por tus inversiones».

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