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El Gobierno de Dios

Acto seguido, el eterno Amor cubrió su faz y, conforme el número del Orden, se apartó durante un tiempo definido, ciego desde la profundidad de su Misericordia porque no quería ni debía saber qué iban a hacer los recién creados en el juicio de la Divinidad para aprobar la prueba de su libertad en el tiempo limitado de su estancia en la Tierra. El lugar que les estaba dado para vivir en la tierra firme fue un jardín en un valle, llamado paraíso, el país que más tarde manaba leche y miel... Fue precisamente aquel lugar que en el tiempo de los tiempos de la Obra más sublime del eterno Amor se llamaba y siempre se llamará Belén... Porque se trata exactamente del mismo lugar donde la eterna Palabra encarnada por primera vez iba a ver cómo la Luz de su Gracia desde el Sol, desde la Luna y desde todas las estrellas luce para la gota de la Misericordia. – El Gobierno de Dios, Libro 1, Capítulo 8, Párrafo 1

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