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El Gobierno de Dios

Los mandamientos del Señor para los hombres

[1.2.9] Para aquel que no me conoce y no sabe Quién soy y cómo soy, para él sería mejor que no supiera nada de Mí, porque entonces aún le podría vivificar allá en el reino de los espíritus... Pero si ellos mismos se abstraen de mi ayuda porque matándome a Mí en su interior matan la Vida en ellos, esto resulta como una parra cortada de la viña...

[1.2.10] Por esto ahora os digo que Yo soy el Dios Uno y eterno dentro de mi Naturaleza trina –– como Padre conforme a mi Divinidad, como Hijo conforme a lo perfectamente humano y como Espíritu conforme a toda Vida, todo Efecto y todo Conocimiento. Yo mismo soy el Amor y la Sabiduría, desde la eternidad. Nunca recibí nada de nadie. Todo lo que existe procede de Mí, y aquel que tiene algo, lo tiene de Mí. ¿Cómo, entonces, podría Yo ser un tirano y uno que dicta sentencias de perdición? –– ¡Insensatos! Yo os amo –– y vosotros me desdeñáis... Yo soy vuestro Padre –– y vosotros hacéis un verdugo de Mí... Donde Yo bendigo, vosotros maldecís... Donde Yo construyo, vosotros destruís... Donde Yo levanto, vosotros tumbáis... Donde Yo siembro, vosotros ahogáis... De modo que en todo lo que hacéis estáis en oposición conmigo... Si realmente fuera así como me pintáis, os digo que hace tiempo que la Tierra ya no existiría –– es decir, ¡que nunca habría sido ni siquiera creada! Pero ante el hecho de que soy como soy, todo sigue existiendo como entonces y como siempre seguirá existiendo; e incluso vosotros seguiréis siendo lo que vosotros habréis hecho de vosotros mismos –– y esto sin sentencia de perdición alguna por mi parte... Pero aquellos que me toman por El que soy y que me aman como Yo los amo, de ellos Yo haré lo que ellos quieren, para que sus delicias y su libertad perfecta perduren eternamente.

[1.2.11] Y a mis siervos diles: ¡Mis cargos no son oficinas de cambio! Porque aquel que me sirve a causa del dinero no me sirve por amor a Mí... Y el que no me sirve motivado por el amor, su servicio me es tan desconocido como Yo soy desconocido para él; con lo que entre nosotros las cuentas ya están claras... ¿Cómo podría ser un siervo fiel aquel que con descaro sin autorización del Amo vende los tesoros de Él? Iscariote me vendió al menos por treinta monedas de plata, sin saber qué era lo que iba a suceder, porque estaba en la oscuridad y andaba perdido. Pero ahora ––ya martirizado, matado y resucitado–– me podéis conseguir en todas partes y en cada momento a un precio tirado. Oh, ladrones asesinos, ¿con qué os voy a comparar? ¡Sois el engendro de dragones y culebras! ¿Así me servís? Ya por mi querido Pablo hice comunicar que aquel que sirve al altar también viva de él –– pero, por supuesto, solamente tras las obras del amor que produce todo lo que es bueno... Pero vosotros no producís obras de amor... ¡Por esto sois unos ladrones y asesinos alevosos del Evangelio y de toda la Verdad! Sabed: ¡Tal obra tal pago! El Amor no se consigue por dinero, sino únicamente por amor. Yo soy el Amor en sí –– y no se me consigue sino mediante el amor... A todos vosotros os “compré” mediante el Amor, con lo que de todos vosotros no exijo otra cosa sino amor... De modo que el que me quiera servir, que me sirva en el amor –– porque en el Amor morí por él en la cruz... Y quien quiera venir a Mí, que venga en el amor –– porque mi Amor sangraba por él en la cruz...

[1.2.12] A los funcionarios y señores del mundo diles con toda claridad: Sus cargos no son ni mucho menos de un rango más alto que los de mi Reino. Pero cada función que es contraria a la mía, dentro de poco la voy a destruir, y ¡ay de sus siervos! Porque Yo soy el Supremo; mi Ley es eterna como Yo y seguirá siéndolo como Yo. La polilla que quiere carcomer mi Ley y que de sus excrementos quiere preparar leyes de las suyas para acabar con la Mía, será aplastada por ella con todo su peso y su rigidez, y será destruida como si nunca hubiera existido. Cada uno de los que pecan contra mi Ley puede encontrar perdón –– si reconoce su falta, se arrepiente de ella y mejora, y si luego se dirige a Mí y permanece en Mí como Yo permanezco en él. Pero el que quiere socavar mi Ley, a este le aplastará y acabará con él para siempre. Todas las leyes mundanas socavan mi Mandamiento, a no ser que estén legislados en el ámbito de mi Amor por hombres que están penetrados de mi Espíritu. ¡Pero ay de los tiranos y déspotas que reinan para aprovecharse del mismo trono, del poder y de la estima!, porque su medida ya se está colmando, y no falta más que uno solo y experimentarán el poder de los débiles. El suelo es mío y el campo es mío... Esto os dice el Verdadero, el eterno Dios del Amor y de la Sabiduría, y lo comunica a través de uno al que los sabios del mundo consideran un necio... Amén. Yo, Jehová. Amén.

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