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El Gobierno de Dios

Acto seguido Adán se echó al suelo, junto con todos los suyos, y actuó conforme había percibido mediante los pocos residuos de la Gracia que le habían quedado, llevado por la secreta intuición del eterno Amor del Padre. De modo que todos lloraron amargamente, menos Caín. Él también se había echado al suelo, como los demás, pero sus ojos no derramaron lágrimas y esto le fastidió. Por esto se levantó y se fue. Caminando, con la vista en dirección al suelo verde, de repente vio una serpiente. Lleno de rabia la cogió, la descuartizó y se la comió, con lo que la carne de la serpiente se volvió carne de él. – El Gobierno de Dios, Libro 1, Capítulo 14, Párrafo 19

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