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El Gobierno de Dios

La Promisión del Señor

[1.12.1] ¡Oh, hijos de Adán! ¿Por qué no preferís volveros hijos Míos? ¡El trabajo que os cuesta el ganaros el pan de Adán con el sudor de vuestra frente!... un pan que, además, está empapado del veneno de la serpiente... un pan que al consumirlo en vuestra irreflexión os traerá la muerte física y la eterna...

[1.12.2] Pero mi Pan fue untado con la miel de mi Amor y está empapado con la leche de la Vida eternamente libre surgida de Mí... y lo podéis tomar en toda abundancia sin que jamás os pueda causar el menor daño... Al contrario, ¡os fortificará y os dotará con todo mi Poder y mi Fuerza, eternamente e incluso ya durante vuestra vida temporal! Sólo hace falta que lo aceptéis... Ved, después de mi acción más sublime que es la gran Obra de la Redención para vosotros, este mi Pan resultaba todavía muy caro. Y los hombres no lo consiguieron sino en cantidades muy pequeñas, “pagándolo” con su propia sangre e incluso con su vida... Entonces este mi Pan sabía amargo a los que se lo procuraron, porque aún no estaba untado con la miel de mi Amor ni empapado con la leche de la Vida libre... porque a los “compradores” tristes la miel y la leche sólo les fueron añadido después, copiosamente, en el reino de los espíritus. Pero aun así había “compradores” en gran número...

[1.12.3] Sin embargo ahora, que lo doy con miel y leche totalmente gratuito a cada uno que lo pida –– sólo por la pequeña recompensa de su amor, ve, ahora lo desprecian junto con el gran Dador que está tan lleno de Amor para con vosotros todos...

[1.12.4] Sabed: Hice que se abrieran las puertas de mis Cielos de par en par. ¡Quien quiera que venga! Y que venga lo antes posible, porque ya ha llegado el gran tiempo de la Gracia: la Nueva Jerusalén desciende a la Tierra por todos vosotros, para que todos los que me amen tomen morada en ella... y que en ella se fortifiquen con el Pan con miel y leche, y beban a grandes tragos la pura agua de la Vida... y que la saquen en abundancia del eterno pozo de Jacob.

[1.12.5] Pero a pesar de la Gracia inconmensurable que el descenso a la Tierra de esta mi gran Ciudad significa para todos mis hijos, todavía aplastará con sus fuertes murallas a todos los ciegos y a todos los sordos, porque va a cubrir toda la superficie de la Tierra... Y aquel que no la vea llegar ni oiga su zumbido por los aires puros de la Tierra, él jamás ya encontrará un lugar en el planeta donde ocultarse y escaparse del peso de ella...

[1.12.6] Porque ve: El peso de sus palacios aplastará las montañas que se nivelarán con los valles, y colocaré sus viviendas encima de charcos y lodazales, para que toda la escoria que en ellos se anida sea aplastada por los fundamentos de la gran Ciudad de Dios, de vuestro Padre santo en el Cielo y la Tierra.

[1.12.7] Y el verdadero Pastor llamará a sus ovejas que oirán su voz y la reconocerán en todas partes de la Tierra... y acudirán para pastar felices en los pastos amplios del eterno Amor del Padre santo, que son los grandes jardines de la nueva Ciudad santa del gran Rey de todos los pueblos que existían, existen y existirán eternamente.

[1.12.8] Estos jardines serán el paraíso perdido por Adán que Yo recuperé y guardé fielmente para que allí estas ovejas tomen morada, eternamente.

[1.12.9] Por esta razón ya os expliqué detalladamente mi gran Gobierno desde la eternidad... Os mostré la Creación desde lo primero hasta lo último, y os mostré al primer hombre en el comienzo de su formación... Y aún os mostraré a la gran ramera y la Babilonia destruida, y después os llevaré a mi santa Ciudad donde os daré una morada eterna –– si me amáis como Yo os amo: sobre todo...

[1.12.10] Vendrá el día en que los cielos y la Tierra perecerán –– materialmente. Porque sólo continuarán espiritualmente. Pero cada una de mis palabras dirigidas a vosotros perdurará tal como la digo: corporalmente y espiritualmente, con todo Poder y toda Fuerza de la Santidad, eternamente... ¡Amén, eternamente amén!

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