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Los Tres Días en el Templo

[4.1] Dije Yo: «Lo que tú acabas de exponer ya lo sabía hace mucho tiempo, y en el fondo hubieras podido ahorrarte la molestia de hacerme saber tales cosas. Sin embargo, Yo persevero en mi opinión y no pierdo de vista a la virgen María.

[4.2] ¿Por qué dice el profeta (Isaías, capítulo 9, versos 6 y 7): "Porque un niño nos nace, un hijo nos es dado, y el principado estará sobre su hombro, y se llamará Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de la Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite sobre el trono de David y sobre su Reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. Esto hará el celo de Jehová de los ejércitos"?

[4.3] ¿Qué niño y qué hijo nos es dado? ¿No sería probablemente aquel niño nacido en un establo de Belén? Porque también se dice: "En Belén, en un establo, les nacerá un Rey a los judíos. Fundará un Reino nuevo, que nunca tendrá fin.» ¿Cómo entiendes todo esto, cabalista?.»

[4.4] Confusamente se miraron unos a otros, preguntándose: ¿De dónde se ha apropiado este muchacho de la escritura? Tan sólo existen pocas reproducciones, y perfectas apenas diez. Sabemos dónde están y ningún lego puede acercarse de ellas. Verdad es que los samaritanos tienen una escritura oncena, que es falsa y contiene muchos pasajes adicionales, que son una poesía puramente oriental.

[4.5] Luego me preguntó un levita sumamente arisco: «Ahora contesta a mi pregunta: ¿De dónde y desde cuándo te has apropiado de un conocimiento tan perfecto de la Escritura, especialmente de los profetas?.

[4.6] Dije Yo: «Sobre este particular, tú tienes tanto derecho a preguntarme como Yo a preguntarte: ¿Cómo es posible que tú, en calidad de levita, no te hayas apropiado aún de la Escritura, ni de la palabra, y mucho menos aún de los hechos? Dame una respuesta a lo que te pregunto, pues has sido pagado para ello. Todo lo demás no es de tu incumbencia, pues nada te ha costado, ni una molestia, ni tiempo, ni una preocupación, ni un sacrificio.

[4.7] Por lo demás, en vuestra condición de maestros en Jerusalén, no redunda en vuestro honor que la educación visible de un muchacho de Galilea os imponga de semejante modo, pues con esto manifestáis sólo que vuestros hijos tienen aquí una educación semejante a la de los animales!

[4.8] Cuando hice esta observación, un poco exagerada, el comisario romano empezó a reír a carcajadas. Tampoco Simón podo reprimir enteramente la risa. El observador arisco, empero, desapareció y fue a sentarse de muy mal humor en un banco situado en el fondo.

[4.9] Acto seguido un príncipe de la sinagoga de Belén, que también estaba presente en los exámenes de los muchachos en el templo, dijo: «Ya veo que tengo que empezar a hacer de árbitro, de lo contrario no acabaremos nunca con este muchacho. Ahora tiene el derecho pagado a preguntarnos durante una semana entera. Tenemos que contestarle debidamente, si queremos o no. Si ya nos mete en un apuro con su pregunta preliminar, ¿qué pasará cuando nos haga preguntas importantes?

[4.10] Tiene inteligencia suficiente y abundante de gracia natural. Si no queremos contestar como él desea la verdad, nunca seremos capaces de satisfacerle. Quiere saber las circunstancias verdaderas del nacimiento de un niño en un establo, cerca de Belén, hace doce años. Yo puedo proporcionárselas, porque en aquel entonces, como todavía hoy en día, yo era príncipe de la sinagoga de aquel lugar.

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