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Los Tres Días en el Templo

[2.12] «¡Querido y simpático muchacho! Por fortuna la historia se ha desvanecido por completo. Verdad es que en aquel tiempo llamaba mucho la atención del pueblo y que ahora ha perdido su importancia. Por lo que respecta al oscuro presagio del profeta Isaías, sólo puedo decir que éste predijo únicamente por su tiempo, y en imágenes oscuras. Según yo pude entender, después del conocido infanticidio de Herodes en Belén, con el que infaliblemente, también fue matado el rey de los judíos, saludado por los reyes Magos, los padres huyeron probablemente de Judea, y quizás hayan muerto porque no se ha vuelto a oír hablar de su existencia.

[2.13] Puede que la cosa tuviese cierta importancia, pues causaba gran sensación. Pero es curioso que transcurridos unos años todo haya desaparecido totalmente en la mar del olvido, de manera que nadie menciona hoy este suceso ni merece la pena perder una palabra sobre el particular. Respecto a Simeón y Ana, éstos han sido dos viejos y conocidos entusiastas del templo, que en un tono místico hicieron sus observaciones mesianas con muchos muchachos, con lo que daban esperanzas excepcionales a muchos padres fácilmente influidos.

[2.14] Cuando Dios entregó los mandamientos a Moisés, en el monte Sinaí casi todo el círculo de la tierra tembló, y los sucesos en el desierto duraron cuarenta años enteros, y en aquel entonces casi todo el mundo debía reconocer la omnipotencia de Jehová. Y el Mesías que ha de venir a este mundo, sin duda alguna se manifestará de modo que todo el mundo tiemble aún más violentamente, porque de Él cantó David: ¡Ensanchad y alzad las puertas del mundo para que entre el Rey de la gloria! ¿Quién es el Rey de la gloria? ¡Es el Señor Jehová, fuerte y poderoso! ¡Es el Señor Jehová poderoso en la batalla! ¡Ensanchad y alzad las puertas del mundo para que entre el Rey de la gloria! ¿Quién es el Rey de la gloria? ¡Es el Señor Zebaot! ¡Es el Rey de la gloria!

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